UNA CULTURA DE LA PREFIGURACIÓN SIN MANIFIESTOS (2013)

1.
Mientras estaba en Méjico, durante el proceso del proyecto Las Muertes Chiquitas, Mireia Sallarès visitó Chiapas y tuvo oportunidad de encontrarse con algunos miembros del EZLN. En estos encuentros empezó a plantearse la posibilidad de entrevistar a algunas mujeres de Chiapas para dialogar sobre sus orgasmos. Los zapatistas le propusieron que asistiera a una Junta de Buen Gobierno (asambleas que gestionan lo común de los “caracoles”, las regiones de las comunidades autónomas zapatistas) y que planteara allí su propuesta. Ante su sorpresa la propuesta fue bien recibida, y aunque finalmente no fue aprobada se le instó a presentarla de nuevo en la siguiente rotación. La única pregunta que recibió por parte de los miembros de la junta, fue que explicara por qué le parecían especialmente relevantes los orgasmos de las chiapanecas.

El sujeto ideológico en el espejo. Sobre el estadio del espejo Lacaniano y el sujeto ideológico de Althusser.

Pese a que se aproximó en varios de sus textos al concepto de ideología Althusser, no teorizó sobre la misma como un elemento exógeno en ninguno de ellos si no que se dedicó a reflexionar sobre sus implicaciones en, por ejemplo, la creación cultural, el estado o la construcción del sujeto. En su texto Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado, da una definición de la ideología muy precisa: la ideología es la representación de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia1. Analizando la definición de Althusser nos damos cuenta que existen a la vez dos relaciones imaginarias: la de la representación y la de la percepción ficticia de las condiciones de existencia. La ideología por lo tanto, no es sólo la asunción de esas relaciones imaginarias como verdaderas, y por lo tanto sus condiciones como justas, sino también su representación, es decir, su reificación, que como veremos más adelante se produce siempre a través de la acción del sujeto.

La ideología es según Althusser una representación a nosotros mismos de nuestra relación con nuestras condiciones de existencia2. Una relación que está evidentemente mediada, puesto que es un constructo que según Althusser está encaminado específicamente a preservar las condiciones de explotación que sostienen el sistema de relaciones. Los Aparatos Ideológicos del Estado actúan precisamente en ese proceso de construcción, en el que asumimos el rol que se nos asigna en la estructura social y aprendemos cómo debemos comportarnos para asegurar la estabilidad de la misma. A través de la ideología, de esa percepción imaginaria que entendemos como verdadera, se asegura pues un orden social determinado.

“Cuando hablo de mí, soy el mismo que aquel del que hablo?”3. Esta pregunta que se hace Lacan en La instancia de la letra en el inconsciente, concentra su posicionamiento en relación a la dualidad, ya propuesta por Freud, en relación a la identidad: la separación del Yo y el Sujeto. Lacan explica que entre el Yo y el Sujeto hay una relación especular: el Yo es un constructo imaginario, un reflejo del Sujeto, en si mismo o en el prójimo4. Este constructo imaginario se presenta como una unidad pese a la fragmentación del Sujeto puesto que se construye en cada relación con el otro. La asimilación imaginaria del Yo como Sujeto, siendo el Yo, Otro, implica que el Sujeto se percibe a si mismo como Otro. Del “pienso luego existo” Descartiano a la célebre contrapropuesta Lacaniana: “pienso donde no soy, luego soy donde no pienso”5.

El sujeto ideológico de Althusser es el Yo Lacaniano: una construcción imaginaria que es el reflejo del Sujeto. Un reflejo, diría Althusser, que es imaginado por el propio sujeto a partir de la ideología es decir, de su percepción dislocada de sus condiciones de existencia. Althusser explica también como el sujeto se construye como tal a partir de procesos de reconocimiento ideológico6 que son mediados siempre por otro (que puede ser, también, él mismo). Los procesos de reconocimiento ideológico, son procesos relacionales insertos en la cotidianidad donde, en base a operaciones sencillas, el individuo, a través de la ideología, es decir de la representación de sus relaciones imaginarias con sus condiciones de vida, se reconoce como sujeto. Estos procesos de construcción especular del sujeto son el cierre del círculo ideológico, puesto que “la categoría de sujeto es constitutiva de toda ideología y toda ideología tiene la función de constituir a los individuos en sujetos”7. En el reconocimiento de su rol en el orden social el individuo se construye como sujeto a la vez que es precisamente como sujeto que el individuo representa su relación imaginaria con sus condiciones de existencia.

2.
En el mes de noviembre de 2012 en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, se llevaron a cabo las jornadas Zapanteras Negras, que plantearon una exploración entorno a las conexiones entre el Black Panther Party y el movimiento zapatista. A las jornadas asistió el antiguo Ministro de Cultura del Black Panther Party, Emory Douglas, que colaboró en distintos murales con artistas Zapatistas y mostró y explicó también su obra y su actividad como activista.

El arte nos da a ver, a percibir y a sentir la ideología de la que él nace, en la cual se baña, de la cual se desprende en tanto que arte, y a la cual hace alusión.

O: el arte nos da a ver, a percibir y a sentir la representación de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia de la que nace, en la cual se baña, de la cual se desprende en tanto que arte, y a la cual hace alusión.8

De la misma forma que la separación interior del individuo (Sujeto – Yo) es producto de la ideología, el arte opera también según Althusser como una toma de distancia interior a partir de la ideología, de la que hace posible su reconocimiento. La ideología no se hace visible sólo en la actividad artística sino que aparece en todas las actividades de los individuos puesto que siempre actuamos, según Althusser, en relación a las ideas de nuestra consciencia. La ideología que nos hace ver el arte es en ocasiones idéntica a la existencia real puesto que el contenido de la forma en que la ideología es dada a ver (en nuestro análisis, el arte) es la experiencia, “lo vivido”9. La afirmación de Althusser de que todo discurso espontáneo es un discurso ideológico10 tiene que ver precisamente con que “lo vivido” no es una realidad dada sino la relación ideológica del sujeto con la realidad.

Como hemos mencionado con anterioridad, en todos los actos humanos está implícita la ideología del sujeto, puesto que actuamos siempre siguiendo nuestras ideas, las ideas de nuestra consciencia en las que creemos11 para emplear la terminología de Althusser. Estas ideas no existen como tales sino que existen en los actos del sujeto. Poniendo en relación esta proposición con teorías posteriores y con la visión posthumanista y postmaterialista, cabría decir que la ideología es performativa, es decir se constituye en base a la actuación, en la misma medida que Judith Butler nos ha explicado como el género se construye en base a las formas de comportamiento y por lo tanto de relación con sujetos y objetos12. La ideología, por lo tanto, sólo puede ser analizada a partir de la observación de las prácticas en las que están insertos los actos humanos. Las artes tal y como las entiende Althusser, como representación de formas de relación, dan a ver la ideología en la que se conciben puesto que los actos y las prácticas de lo vivido son su objeto y su contenido.

3.
–A que te refieres con cerdos? –pregunta estupefacta la presentadora–. A los animales o a… –En la grabación parece que efectivamente duda, o quizá se arrepiente demasiado tarde de su pregunta.
–Con cerdos me refiero a la policía –contesta Jerry Rubin,miembro del YIP, el Youth International Party, que se había escindido de los Diggers y mudado a Nueva York–.
–Deberías saber que yo soy buena amiga de los policías.
–Y tú que yo soy amigo de los Panteras Negras.
Entonces la presentadora le grita a Jerry Rubin que se marche, que la entrevista ha acabado.

Ideología, performatividad, prefiguración.

“Poneos de rodillas, moved los labios para rezar y creeréis”13. La célebre frase de Pascal que Althusser cita para explicar como la condición imaginaria de la ideología puede ser ocultada a través de la acción, no podría ser más oportuna para una adaptación de su teoría de la ideología en el repensar de unas prácticas culturales asentadas en la representación y en la construcción de relatos. Los mecanismos simbólicos de la “Guerrilla de la Comunicación”, que han estado vigentes como estrategia válida para aquello denominado “arte político” desde hace ya demasiado tiempo, quedan poco a poco obsoletos. Los Yippies por poner un ejemplo, a principios de los años setenta, ya trabajaron en esas coordenadas con sus acciones de gran repercusión en los medios de comunicación. La desactivación de los artefactos simbólicos y de la creación de mitos se produce no sólo por la absorción de los mismos por parte de la maquinaria del mercado (y su reconversión, por ejemplo, en argumentos para anuncios para vender coches), o de la capacidad de resignificación de los medios de comunicación (si bien taimada por las redes sociales y la capacidad de generar contenidos alternativos de sus usuarios), sino también por el blindaje de instituciones a los contrarelatos que otrora parecían afectar de alguna forma a las estructuras que promulgan ciertas formas de cultura hegemónicas. En el nuevo contexto la lucha por el lenguaje debe quedar en un segundo plano y centrar la atención a las condiciones materiales que a través del lenguaje tratamos de representar y construimos.

Con el término políticas prefigurativas se definen una serie de formas de acción política basadas en la construcción efectiva de realidades alternativas. En contra de su proposición teórica o bien de (tan sólo) la crítica negativa a las condiciones en existentes, las políticas prefigurativas proponen nuevas formas de relación y las llevan a cabo. En este sentido las políticas prefigurativas son la única estrategia posible para construir contra-relatos.

Dos de los ejemplos de activismo político más conocidos en relación a la prefiguración son el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Partido de las Panteras Negras (BPP en sus siglas en inglés). Tanto el EZLN como los BPP, movimientos por otro lado que surgieron y actuaron en contextos bien distintos, son ejemplos de la reificación efectiva de nuevas formas de gobernanza y gestión de lo común. Maquinarias políticas que actúan dentro del sistema capitalista pero que funcionan como formas de gestión autónoma.

En el campo cultural las prácticas políticas, es decir aquellas que proponen formas distintas de gestión de lo común, deben proponerse también como prácticas prefigurativas. En detrimento de expresiones que reproducen los procesos y lenguajes de las estrategias capitalistas y que por lo tanto no logran generar en realidad nuevos imaginarios. Propuestas culturales que propongan modos de relación alternativos que no sean representaciones de los mismos. En su capacidad constituyente, es decir, en la medida en que las prácticas culturales no sólo muestren de forma crítica la realidad vivida si no que sean capaces de llevar a cabo modos alternativos de vivirla, radica la potencia política de las prácticas culturales.

La capacidad constituyente de las formas de cultura define además la diferencia entre las formas de cultura sociales, es decir, aquellas que se refieren de forma crítica a las condiciones sociales que las acogen, y la formas de cultura políticas, que como hemos dicho con anterioridad no sólo reflejan una realidad social y se posicionan de forma crítica sino que analizan también cuales son las condiciones de explotación que generan dichas problemáticas y proponen formas de relación alternativas para acabar con las mismas. Podemos poner como ejemplo las series televisivas que retratan situaciones de cierta marginalidad social pero en las que se oculta u obvian cuales son los conflictos y las relaciones de poder que hacen, por ejemplo, que el explotado emigrado sudamericano trabaje en un bar en unas condiciones infrahumanas bajo el dictado de su siniestro y patriota jefe. Siguiendo la posición de Althusser respecto a la cultura y su capacidad de dar a ver la ideología, cabe remarcar que cualquier creación cultural del tipo que sea es constitutivamente política, es decir, se enmarca en unas relaciones de poder y en una condiciones materiales concretas en las que evidentemente se posiciona, ya sea obviándolas ya sea con una postura crítica.

Con todo, ciertas formas de cultura no prefigurativas pueden funcionar también como disparadores de políticas prefigurativas siempre que contengan el análisis crítico de las formas de poder ocultas por la ideología y que por lo tanto propicien la generación de formas de relación alternativas ante la problemática de las existentes. En este sentido funcionaria el proyecto Las Muertes Chiquitas de la artista Mireia Sallarès, en el que, a partir de distintos artefactos (Un centro de documentación, una serie fotografías, un libro, un documental, dos grandes en espacios históricos y un ciclo de debates), propone una reflexión sobre la relación de la feminidad con el placer, los orgasmos, el dolor, el poder, la violencia y la muerte. En su reflexión no sólo presenta las opiniones de las mujeres entrevistadas con las temáticas propuestas sino que se analizan de forma crítica y en dicho posicionamiento se encuentran de forma latente propuestas que podrían ser llevadas a cabo como formas alternativas de relación.

4.
Los Diggers habían anunciado para aquella tarde, en un parque de san Francisco, una de sus acciones teatrales. Pero esta vez el desarrollo de los acontecimientos era algo diferente que de costumbre: la policía, informada de la acción, anunció a los miembros de colectivo que si actuaban iban a ser detenidos. Por la tarde, en el parque, bajo la mirada de la policía, uno de los miembros del grupo recitó la frase que daría comienzo a su actuación: “con todos ustedes: una detención”.

Un ejemplo de cultura prefigurativa son las acciones de los Diggers, un grupo de teatro que operó durante los años sesenta en la ciudad de San Francisco. Los Diggers fueron una escisión de un grupo de teatro político en la calle y radicalizaron su propuesta hasta mezclar de forma efectiva teatro y vida, considerando cualquiera de sus actos como obra artística. Sus acciones incluían, por ejemplo, el robo de alimentos en distintos supermercados de la ciudad y su reparto gratuito a los asistentes a sus actos free-food.

Algunas de sus acciones adelantaban también otras actitudes contemporáneas: después de su performance Muerte del hippie, justo cuando en los medios de comunicación mainstream se empezaba a popularizar dicho movimiento con la consecuente desactivación de su potencial político, los Diggers exigieron el pago de un impuesto a los hippie-capitalists que empezaban a abrir tiendas en San Francisco con artículos de todo tipo para la nueva contra-cultura de moda. La justificación de los Diggers de dicho impuesto revolucionario era que los hippie-capitalists  sacaban un rendimiento de una cultura que se había generado de forma colectiva y a la que, por lo tanto, debían compensar. De alguna forma los Diggers estaban estableciendo una reflexión entorno a las formas de creación de la cultura y el acceso que debe tenerse a las mismas, que son, de hecho las bases de lo que ahora conocemos como Cultura Libre. Los Diggers, además habían detectado como se modificaba la vida común del barrio a través de la inclusión de las formas culturales modernas fagocitadas por el mercado. Esta destrucción de la vida popular en ciertos barrios a partir de la especulación inmobiliaria en base a generar espacios articulados entorno relaciones de intercanvio mercantil vinculados a las nuevas formas de cultura de tendencia y sus públicos, es a lo que se ha venido a denominar en los últimos años como procesos de gentrificación. Comúnmente el dinero que conseguían los Diggers en este tipo de acciones era regalado en sus acciones free-money o simplemente quemado.

A través de este tipo de propuestas los Diggers hacían efectiva una vida no mediada por las formas de economía de mercado: como querían un mundo sin dinero sus obras eran, precisamente, espacios en los que vivir sin dinero.

5.
“If you can act it up, it’s real.”

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